viernes, 16 de febrero de 2018

«¿Es ese el ayuno que yo quiero?... ¿No será partir tu pan con el hambriento?» (Is 58, 6-7)


Queridos amigos hemos iniciado la Cuaresma, es decir, el camino de preparación a la Pascua, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. La Iglesia recomienda que en este camino de la cuaresma vivamos con mayor intensidad la oración el ayuno y la cuaresma. En esta publicación les comparto el evangelio del día y el comentario del mismo que nos explica y nos invita a vivir un verdadero ayuno.

Evangelio según San Mateo 9,14-15. 


Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: "¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?".  Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. 


Comentario del Evangelio por San Pedro Crisólogo:

El que practica el ayuno debe comprender qué es el ayuno: debe acoger con agrado al hombre que tiene hambre si quiere que Dios le acoja con su propia hambre; debe ser misericordioso si espera recibir misericordia... Lo que hemos perdido a través del desprecio, lo hemos de conquistar a través del ayuno; inmolemos nuestras vidas con el ayuno, puesto que no hay nada más importante que podamos ofrecer a Dios, tal como da pruebas de ello el profeta cuando dice: «El sacrificio que Dios quiere es un corazón quebrantado; el corazón quebrantado y humillado, Dios no lo desprecia» (Sl 50,19). Ofrece, pues, a Dios tu vida, ofrece la oblación del ayuno para que le llegue a Él una ofrenda pura, un sacrificio santo, una víctima viva que interceda en favor tuyo...

Mas, para que estos dones sean agradables es preciso que vayan seguidos por la misericordia. El ayuno no da ningún fruto si no es regado por la misericordia; el ayuno se convierte en menos árido acompañado de la misericordia; lo que es la lluvia para la tierra, lo es la misericordia para el ayuno. El que ayuna puede muy bien cultivar su corazón, purificar su carne, arrancar vicios, sembrar virtudes: si no derrama sobre ellos la misericordia, no recoge ningún fruto.

Tú que ayunas, tu campo ayuna también si le privas de la misericordia; tú que ayunas, lo que esparces a través de la misericordia, crecerá de nuevo en tu granero. Para no despilfarrar por tu avaricia, recoge por tu generosidad. Cuanto das al pobre, te lo das a ti mismo; porque lo que tú no cedes a otro, tampoco tú lo tendrás. 


San Pedro Crisólogo (c. 406-450), obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia 
Homilía sobre la oración, el ayuno y la limosna; PL 52,320


Más información sobre el ayuno:


El Papa Francisco advierte sobre el falso ayuno

#VivamosJuntoslaCuaresma


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jueves, 18 de enero de 2018

Fotos y Videos de la visita del Papa Francisco a Chile

Les comparto las fotos y videos que envió Romina Zabaleta, peregrina que participó de la visita del Santo Padre Francisco a Chile












El Santo Padre Francisco estará visitando Perú desde la tarde de hoy hasta el día 21 de Enero

Te invito a seguir la  cobertura de la visita del Papa a Perú con el hashtag #VivamosjuntoslaFeenPerú



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miércoles, 17 de enero de 2018

Mensaje del Santo Padre Francisco a los jóvenes en Chile





El Santo Padre recién termina de hablar a los jóvenes en el Santuario de Maipú, en su visita a Chile, aquí te compartimos algunas frases de su mensaje:

“Nos ayudemos a mirar para adelante”

“Me alegra que este encuentre se realice aquí en Maipú, lugar donde con un abrazo de fraternidad se fundó la historia de Chile”

“La fe provoca en los jóvenes sentimientos de aventura. Ustedes se aburren cuando no tienen desafíos. Esto se ve cuando sucede una catástrofe natural, tienen una capacidad increíble de solidaridad”

“Si no aman a su Patria no creo que lleguen amar a Jesús. El amor a la Patria es amor a la madre, ella como madre nos enseña a caminar. Quieran a su tierra”

“Madurar…, la verdadera madurez es llevar adelante los sueños, confrontando, discutiendo, pero siempre para adelante, no bajando la guardia”

“He convocado al sínodo para hablar de ustedes, los jóvenes. Pero tengo miedo a los filtros. Por eso antes del sínodo quiero escuchar a los jóvenes, ustedes van a ser los protagonistas, jóvenes católicos y no católicos, jóvenes cristianos y de otras religiones y jóvenes que no saben si creen o no creen, tienen que estar todos representados en el encuentro de los jóvenes previo al sinodo”

“La Iglesia tiene que tener rostro joven, rostros jóvenes reales.  Iglesia Joven porque desde su corazón se deja interpelar. La Iglesia necesita ser interpelada por ustedes, los jóvenes. Tengan el coraje de decir a la Iglesia: esto me gusta, esto no me gusta, esto es puente, esto es una muralla, todo esto háblenlo en los encuentros entre ustedes”

“Le pregunte  a un joven que era lo que lo enfurecía o lo ponía de mal humor y me respondió cuando a mi celular se le acaba la batería o pierdo la señal de Internet porque me pierdo todo lo que está pasando. Salgo corriendo a buscar un cargador o señal wifi. Esta respuesta me enseño, me hizo pensar que con la fe nos puede pasar lo mismo,  puede bajar nuestro ancho de banda, debemos estar siempre conectados con Jesús, a veces nos quedamos sin batería espiritual y esto nos pone triste y a todo lo empezamos a ver mal. El corazón se queda sin batería, pierde fuerzas. Sin la conexión con Jesús terminamos ahogando nuestras ideas, nuestros sueños, nuestra fe, estamos tristes y nos convertimos en jóvenes pesimistas.  ”

“Nunca piensen que no tienen nada que aportar o que no le hacen falta a nadie.  Le hacen falta a muchos. Todos somos importantes y tenemos algo que aportar. En silencio pregúntense cada uno: ¿Que tengo para aportar en la vida? ¿No sabes lo que tenes para aportar? Lo tenes adentro, apúrate, descubrilo,  la Patria te necesita, la sociedad te necesita, vos tenes algo para aportar”

“Ustedes tienen un gran santo que puede hacerles de guía.  Hurtado tenía una regla de oro, una regla para encender su corazón, Jesús es ese fuego que ilumina a quien se acerca. La contraseña de Hurtado para conectarse es -anoten en el teléfono esta contraseña-  ¿Que haría Cristo en mi lugar? (En la familia, En la escuela, la universidad, con los amigos cuando salen a bailar y en cada lugar a donde vayan) La única manera de no olvidarse de la contraseña es usarla, si ustedes no usan esta contraseña la van a olvidar, cárguenla en su corazón, repítanla ¿Qué haría Cristo en mi lugar? La tienen que usar todos los días y así la van a saber de memoria”

Homilía del Papa Francisco Misa desde aeropuerto de Maquehue, Temuco (¡Señor haznos artesanos de unidad!)

En el día de hoy, continuando su visita por Chile, el Santo Padre Francisco presidio una misa en el aeropuerto de Maquehue, Temuco . A continuación podrás escuchar y leer sus palabras:  






«Mari, Mari» (Buenos días)

«Küme tünngün ta niemün» (La paz esté con ustedes) (Lc 24,36).

Doy gracias a Dios por permitirme visitar esta linda parte de nuestro continente, la Araucanía: Tierra bendecida por el Creador con la fertilidad de inmensos campos verdes, con bosques cuajados de imponentes araucarias —el quinto elogio realizado por Gabriela Mistral a esta tierra chilena—, sus majestuosos volcanes nevados, sus lagos y ríos llenos de vida.

Este paisaje nos eleva a Dios y es fácil ver su mano en cada criatura. Multitud de generaciones de hombres y mujeres han amado y aman este suelo con celosa gratitud. Y quiero detenerme y saludar de manera especial a los miembros del pueblo Mapuche, así como también a los demás pueblos originarios que viven en estas tierras australes: rapanui (Isla de Pascua), aymara, quechua, atacameños, y tantos otros.

Esta tierra, si la miramos con ojos de turista, nos dejará extasiados, y luego seguiremos nuestro rumbo sin más; y acordándonos de los lindos paisajes, pero si nos acercamos a su suelo, lo escucharemos cantar y cantar con tristeza: «Arauco tiene una pena que no la puedo callar, son injusticias de siglos que todos ven aplicar».

En este contexto de acción de gracias por esta tierra y por su gente, pero también de pena y dolor, celebramos la Eucaristía. Y lo hacemos en este aeródromo de Maquehue, en el cual tuvieron lugar graves violaciones de derechos humanos. Esta celebración la ofrecemos por todos los que sufrieron y murieron, y por los que cada día llevan sobre sus espaldas el peso de tantas injusticias.y recordando estas cosas nos quedamos un instante de silencio, ante tanto dolor y ante tanta injusticia.

La entrega de Jesús en la cruz carga con todo el pecado y el dolor de nuestros pueblos, un dolor para ser redimido.

En el Evangelio que hemos escuchado, Jesús ruega al Padre para que «todos sean uno» (Jn 17,21). En una hora crucial de su vida se detiene a pedir por la unidad. Su corazón sabe que una de las peores amenazas que golpea y golpeará a los suyos y a la humanidad toda será la división y el enfrentamiento, el avasallamiento de unos sobre otros. ¡Cuántas lágrimas derramadas!

Hoy nos queremos agarrar a esta oración de Jesús, queremos entrar con Él en este huerto de dolor, también con nuestros dolores, para pedirle al Padre con Jesús: que también nosotros seamos uno. No permitas que nos gane el enfrentamiento ni la división.

Esta unidad, clamada por Jesús, es un don que hay que pedir con insistencia por el bien de nuestra tierra y de sus hijos. Y es necesario estar atentos a posibles tentaciones que pueden aparecer y «contaminar desde la raíz» este don que Dios nos quiere regalar y con el que nos invita a ser auténticos protagonistas de la historia. ¿Cuáles son esas tentaciones?

martes, 16 de enero de 2018

Mensaje del papa Francisco a los sacerdotes, diáconos, religiosos/as, consagrados/as y seminaristas. (Texto y Audio)





El papa Francisco se reunió en el día de hoy con sacerdotes, diáconos, religiosos/as, consagrados/as y seminaristas y expreso las siguientes palabas:

Escuchar Audio

Queridos hermanos y hermanas buenas tardes:

Me alegra poder compartir este encuentro con ustedes. Me gustó la manera con la que el Cardenal Ezzati los iba presentando: aquí están...aquí están: las consagradas, los consagrados, los presbíteros, los diáconos permanentes, los seminaristas. Aquí están. Me vino a la memoria el día de nuestra ordenación o consagración cuando, después de la presentación, decíamos: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad». En este encuentro queremos decirle al Señor: «aquí estamos» para renovar nuestro sí. Queremos renovar juntos la respuesta al llamado que un día inquietó nuestro corazón.

Y para ello, creo que nos puede ayudar partir del pasaje del Evangelio que escuchamos y compartir tres momentos de Pedro y de la primera comunidad: Pedro por la comunidad abatida, Pedro y la comunidad misericordiada, y Pedro y la comunidad transfigurada.

Juego con este binomio Pedro- comunidad ya que la vivencia de los apóstoles siempre tiene este doble aspecto, uno personal y uno comunitario. Van de la mano y no los podemos separar. Somos, sí, llamados individualmente pero siempre a ser parte de un grupo más grande. No existe el selfie vocacional, no existe.  La vocación exige que la foto te la saque otro, ¡y qué le vamos a hacer! Así son las cosas.

1. Pedro abatido la comunidad abatida

Siempre me gustó el estilo de los Evangelios de no decorar ni endulzar los acontecimientos, ni de pintarlos bonitos. Nos presentan la vida como viene y no como tendría que ser. El Evangelio no tiene miedo de mostrarnos los momentos difíciles, y hasta conflictivos, que pasaron los discípulos.

Recompongamos la escena. Habían matado a Jesús; algunas mujeres decían que estaba vivo (cf. Lc 24,22-24). Si bien habían visto a Jesús Resucitado, el acontecimiento es tan fuerte que los discípulos necesitarían tiempo para comprender. Lucas dice era tal la alegría que  no podían comprender. Comprensión que les llegará en Pentecostés, con el envío del Espíritu Santo. La irrupción del Resucitado llevará tiempo para calar en el corazón de los suyos.

Los discípulos vuelven a su tierra. Van a hacer lo que sabían hacer: pescar. No estaban todos, solo algunos. ¿Divididos, fragmentados? No lo sabemos. Lo que nos dice la Escritura es que los que estaban no pescaron nada. Tienen las redes vacías.

Pero había otro vacío que pesaba inconscientemente sobre ellos: el desconcierto y la turbación por la muerte de su Maestro. Ya no está, fue crucificado. Pero no solo Él estaba crucificado, sino ellos también, ya que la muerte de Jesús puso en evidencia un torbellino de conflictos en el corazón de sus amigos. Pedro lo negó, Judas lo traicionó, los demás huyeron y se escondieron. Solo un puñado de mujeres y el discípulo amado se quedaron. El resto, se marchó. En cuestión de días todo se vino abajo.

Son las horas del desconcierto y la turbación en la vida del discípulo. En los momentos «en los que la polvareda de las persecuciones, tribulaciones, dudas, etcétera, es levantada por acontecimientos culturales e históricos, no es fácil atinar con el camino a seguir. Existen varias tentaciones propias de ese tiempo: discutir ideas, no darle la debida atención al asunto, fijarse demasiado en los perseguidores... y creo que la peor de todas las tentaciones es quedarse rumiando la desolación». Sí, quedarse rumiando la desolación. Y esto es lo que le pasó a los discípulos.


Como nos decía el Cardenal Ezzati, «la vida presbiteral y consagrada en Chile ha atravesado y atraviesa horas difíciles de turbulencias y desafíos no indiferentes. Junto a la fidelidad de la inmensa mayoría, ha crecido también la cizaña del mal y su secuela de escándalo y deserción».

Momento de turbulencias. Conozco el dolor que han significado los casos de abusos ocurridos a menores de edad y sigo con atención cuánto hacen para superar ese grave y doloroso mal. Dolor por el daño y sufrimiento de las víctimas y sus familias, que han visto traicionada la confianza que habían puesto en los ministros de la Iglesia. Dolor por el sufrimiento de las comunidades eclesiales, y dolor también por ustedes, hermanos, que además del desgaste por la entrega han vivido el daño que provoca la sospecha y el cuestionamiento, que en algunos o muchos pudo haber introducido la duda, el miedo y la desconfianza.

Sé que a veces han sufrido insultos en el metro o caminando por la calle; que ir «vestido de cura» en muchos lados se está «pagando caro». Por eso los invito a que pidamos a Dios nos dé la lucidez de llamar a la realidad por su nombre, la valentía de pedir perdón y la capacidad de aprender a escuchar lo que Él nos está diciendo.

Y no rumiar la desolación. Me gustaría añadir además otro aspecto importante. Nuestras sociedades están cambiando. El Chile de hoy es muy distinto al que conocí en tiempo de mi juventud, cuando me formaba. Están naciendo nuevas y diversas formas culturales que no se ajustan a los márgenes conocidos. Y tenemos que reconocer que, muchas veces, no sabemos cómo insertarnos en estas nuevas circunstancias. A menudo soñamos con las «cebollas de Egipto» y nos olvidamos que la tierra prometida está delante, no atrás.