viernes, 17 de noviembre de 2017

P. Rafael Tello (Teología del Pueblo) - Biografía



Breve Biografía

Rafael Adolfo Tello nació en La Plata el 7/8/1917. Desde 1918 vivió en Buenos Aires. Su familia era de Yala (Jujuy), donde pasó largas temporadas en su infancia. Luego de sus estudios secundarios ingresó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires donde se recibió de abogado en 1944 a los 27 años. En esa época militó activamente en la Acción Católica en la parroquia Santa Elena. Ingresó al seminario de la Arquidiócesis de Buenos Aires en 1945. Se ordenó sacerdote el 23/09/1950.

En 1953 fue nombrado Asesor de la JUC (Juventud Universitaria Católica) y vivió en un pensionado de jóvenes universitarios. En 1958 se lo designó como profesor de la Facultad de Teología de Buenos Aires. Entre 1966 y 1973 se desenvolvió como perito de la COEPAL (Comisión Episcopal de Pastoral, creada para animar la recepción del Concilio Vatinao II y dirigida inicialmente por los obispos Marengo, Zaspe y Angelelli). Fruto de un accidente de tránsito en 1969 le descubrieron cáncer en el intestino. Dos años después fue operado y queda con una colostomía que lleva por el resto de su vida. En esos tiempos asesoraba a los sacerdotes del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo e intervino en la nueva orientación que tomó el santuario de San Cayetano de Liniers. En 1975 inspiró la primera Peregrinación Juvenil a Luján, por esos años animó el Movimiento Juvenil Evangelizador y asesoró a varias congregaciones de religiosas. 



Ultimos años y fallecimiento

Se retiró de la vida pública de la Iglesia en marzo de 1979. En estos años de reclusión mantuvo contacto con sacerdotes interesados en la evangelización de los más pobres e inspiró la creación de la asociación privada de fieles “Santa María Estrella de la Evangelización” (conocida como la Cofradía de la Virgen), la asociación “Negrito Manuel” y la fundación “Saracho”. Desde 1984 hasta pocos días antes de morir se reunía semanalmente –reuniones conocidas como la escuelita- en su casa con sacerdotes amigos para hablar de distintos temas relativos a la pastoral popular. En septiembre del 2001 se mudó a Luján con la intención de morir cerca de la Virgen, deseo que se cumple el 19/04/2002.



La figura del sacerdote Rafael Tello, siempre admirado por quienes lo trataron, empieza también a ser más conocida por las nuevas generaciones y suscita distintas expectativas.

P. Rafael Tello y el Cardenal Bergoglio

Es bueno recordar que el papa Francisco, siendo aún Cardenal, lo sacó a la luz al presentar -en la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina- un libro sobre su teología de "la fe de los pobres en América Latina" (Enrique Bianchi, Pobres en este mundo, ricos en la fe. La fe de los pobres de América Latina según Rafael Tello, Ágape, 2012, Bs As).

A su vez, poco antes de su muerte, Tello le había escrito una carta personal al hoy Papa donde decía: -"Para mí, el problema más grande de la Iglesia argentina es cómo llegar a esa inmensa mayoría de cristianos a los que no alcanza la Iglesia institucional. Creo que Usted tiene una misión providencial de iniciar una reforma en la Iglesia (¿Buenos Aires?, ¿Argentina?, ¿más allá? Yo no sé). Le pido a Dios que pueda cumplirla".

Llegar a esa inmensa mayoría de cristianos fue siempre el corazón de su búsqueda. Y la pastoral popular el método para que la Iglesia institucional avanzara en esa dirección.

Palabras del cardenal Bergoglio (Francisco) en el prólogo del libro del P. Enrique C. Bianchi, “Pobres en este mundo, ricos en la fe. La fe de los pobres de América latina según Rafael Tello”:

“Tello fue un teólogo y un pastor tomado por el amor a Dios, a la Virgen y a su pueblo. Una pasión por la historia y su tiempo, un corazón y una inteligencia ofrecidos a los pobres. Su teología apunta proféticamente a nuestros hermanos más humildes. Nos recuerda que están en el centro del corazón de Dios, tanto que Cristo mismo se hizo pobre. Su teología nos aguijonea preguntándonos si les estamos dando a los pobres el lugar que merecen. Nos invita a que transformemos la Iglesia en la casa de los pobres”.
“También fue el teólogo de la Virgen. Un continente tan mariano como el nuestro no podía dejar de darnos un teólogo así. Amaba profundamente a María y entendía que entre ella y nuestro pueblo pobre se fue tejiendo una singular historia de amor. Fue baqueano en seguir su huella maternal entre ellos. Fervoroso devoto de la Virgen de Luján supo ver en su milagro junto al río, entre rudos troperos y un negro llamado Manuel, el arquetipo de la oración de nuestra Madre para quedarse en el corazón de nuestro pueblo para siempre. En fin, la vida del padre Tello fue un regalo del Espíritu a nuestra Iglesia”.

Llegar a esa inmensa mayoría de cristianos fue siempre el corazón de su búsqueda. Y la pastoral popular el método para que la Iglesia institucional avanzara en esa dirección.

Ver Conferencia de Bergoglio en presentación del libro“Pobres en este mundo, ricos en la fe. La fe de los pobres de América latina según Rafael Tello”:

1° Parte

2° Parte

 Traslado de los restos del P. Rafael Tello

En ocasión de la Jornada Mundial de los Pobres, propuesta por el papa Francisco para el próximo 19 de noviembre, el arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Agustín Radrizzani SDB y su obispo auxiliar, monseñor Jorge Eduardo Scheinig, consideraron oportuno trasladar los restos del presbítero Rafael Tello a la basílica y santuario Nuestra Señora de Luján. 
Se celebrará la Eucaristía el sábado 18 de noviembre a las 15 en la basílica Nuestra Señora de Luján. Finalizada la misa se ubicarán los restos del querido presbítero Rafael Tello en la basílica. 



Obras editadas del P. Rafael Tello:

             




1.      La nueva evangelización. Escritos teológicos pastorales, Ágape, Buenos Aires, 2008.
2.      Pueblo y Cultura I, Patria grande, Buenos Aires, 2011.
3.      La Nueva Evangelización: Anexos I y II, Agape, Buenos Aires, 2013.
4.      Pueblo y cultura popular, Patria Grande - Saracho - Agape, Buenos Aires, 2014.
5.      Fundamentos de una Nueva Evangelización, Agape - Fundación Saracho - Patria Grande, 2015.

6.      El cristianismo popular. Ubicación histórica y hecho inicial en América, Patria Grande - Fundación Saracho - Agape, Bs. As., 2016.

Teología del Pueblo

El P. Rafael Tello, junto con el p. Lucio Gera, son los dos principales referentes de la llamada Teología del Pueblo (corriente teológica nacida en la Argentina tras el Concilio Vaticano II). Esta teología ha influido fuertemente en el pensamiento del papa Francisco."

Toda la obra del padre Rafael Tello se ve atravesada por una motivación fuertemente pastoral: conocer los caminos de Dios para el pueblo de Latinoamérica y ayudar a la Iglesia a ser fiel a esos designios divinos.


Agradezco al padre Enrique Bianchi por toda la información que me ha enviado vía chat y por e-mail. Para conocer más sobre la vida y pastoral del padre Rafael Tello recomiendo la lectura de “Pobres en este mundo, ricos en la fe.  La fe de los pobres de América Latina según Rafael Tello”.

 Fuente: “Pobres en este mundo, ricos en la fe.  La fe de los pobres de América Latina según Rafael Tello”, Autor: P. Enrique Ciro Bianchi, año 2012.




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"Isabel reconoció y amó a Cristo en la persona de los Pobres"

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"ISABEL RECONOCIÓ Y AMÓ A CRISTO EN LA PERSONA DE LOS POBRES"



El próximo Domingo 19 de Noviembre celebraremos la “Jornada Mundial de los Pobres”, en cercanías de esta jornada me parece muy oportuno recordar la vida de Santa Isabel de Hungría, mujer que se dedicó a servir a los pobres y enfermos. 

Isabel era hija de Andrés, rey de Hungría, y nació el año 1207; siendo aún niña, fue dada en matrimonio a Luis, landgrave de Turingia, del que tuvo tres hijos. Vivía entregada a la meditación de las cosas celestiales y, después de la muerte de su esposo, abrazó la pobreza y erigió un hospital en el que ella misma servía a los enfermos. Murió en Marburgo el año 1231. 

 ISABEL RECONOCIÓ Y AMÓ A CRISTO EN LA PERSONA DE LOS POBRES

Pronto Isabel comenzó a destacar por sus virtudes, y, así como durante toda su vida había sido consuelo de los pobres, comenzó luego a ser plenamente remedio de los hambrientos. Mandó construir un hospital cerca de uno de sus castillos y acogió en él gran cantidad de enfermos e inválidos; a todos los que allí acudían en demanda de limosna les otorgaba ampliamente el beneficio de su caridad, y no sólo allí, sino también en todos los lugares sujetos a la jurisdicción de su marido, llegando a agotar de tal modo todas las rentas provenientes de los cuatro principados de éste, que se vio obligada finalmente a vender en favor de los pobres todas las joyas y vestidos lujosos.

Tenía la costumbre de visitar personalmente a todos sus enfermos, dos veces al día, por la mañana y por la tarde, curando también personalmente a los más repugnantes, a los cuales daba de comer, les hacia la cama, los cargaba sobre sí y ejercía con ellos muchos otros deberes de humanidad; y su esposo, de grata memoria, no veía con malos ojos todas estas cosas. Finalmente, al morir su esposo, ella, aspirando a la máxima perfección, me pidió con lágrimas abundantes que le permitiese ir a mendigar de puerta en puerta.

En el mismo día del Viernes santo, mientras estaban denudados los altares, puestas las manos sobre el altar de una capilla de su ciudad, en la que había establecido frailes menores, estando presentes algunas personas, renunció a su propia voluntad, a todas las pompas del mundo y a todas las cosas que el Salvador, en el Evangelio, aconsejó abandonar. Después de esto, viendo que podía ser absorbida por la agitación del mundo y por lá gloria mundana de aquel territorio en el que, en vida de su marido, había vivido rodeada de boato, me siguió hasta Marburgo, aun en contra de mi voluntad; allí, en la ciudad, hizo edificar un hospital, en el que dio acogida a enfermos e inválidos, sentando a su mesa a los más míseros y despreciados.

Afirmo ante Dios que raramente he visto una mujer que a una actividad tan intensa juntara una vida tan contemplativa, ya que algunos religiosos y religiosas vieron más de una vez como, al volver de la intimidad de la oración, su rostro resplandecía de un modo admirable y de sus ojos salían como unos rayos de sol.

Antes de su muerte la oí en confesión, y, al preguntarle cómo había de disponer de sus bienes y de su ajuar, respondió que hacía ya mucho tiempo que pertenecía a los pobres todo lo que figuraba como suyo, y me pidió que se lo repartiera todo, a excepción de la pobre túnica que vestía y con la que quería ser sepultada. Recibió luego el cuerpo del Señor y después estuvo hablando, hasta la tarde, de las cosas buenas que había oído en la predicación; finalmente, habiendo encomendado a Dios con gran devoción a todos los que la asistían, expiró como quien se duerme plácidamente.


De una Carta escrita por Conrado de Marburgo, director espiritual de santa Isabel 
(Al Sumo pontífice, año 1232: A. Wyss, «Hessisches Urkundenbuch» 1, Leipzig 1879, 31-35)




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miércoles, 15 de noviembre de 2017

"Los Pobres en Amoris Laetitia" - Francisco




El próximo 19 de Noviembre celebraremos la Jornada Mundial de los Pobres, a continuación les comparto algunos párrafos de la exhortación apostólica postsinodal "Amoris Laetitia" Sobre el amor en la Familia) del papa Francisco (19 de Marzo de 2016) sobre la familia y los pobres.


183. Un matrimonio que experimente la fuerza del amor, sabe que ese amor está llamado a sanar las heridas de los abandonados, a instaurar la cultura del encuentro, a luchar por la justicia. Dios ha confiado a la familia el proyecto de hacer «doméstico» el mundo, para que todos lleguen a sentir a cada ser humano como un hermano: «Una mirada atenta a la vida cotidiana de los hombres y mujeres de hoy muestra inmediatamente la necesidad que hay por todos lados de una robusta inyección de espíritu familiar […] No sólo la organización de la vida común se topa cada vez más con una burocracia del todo extraña a las uniones humanas fundamentales, sino, incluso, las costumbres sociales y políticas muestran a menudo signos de degradación».
En cambio, las familias abiertas y solidarias hacen espacio a los pobres, son capaces de tejer una amistad con quienes lo están pasando peor que ellas. Si realmente les importa el Evangelio, no pueden olvidar lo que dice Jesús: «Que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40). En definitiva, viven lo que se nos pide con tanta elocuencia en este texto: « Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos. Porque si luego ellos te invitan a ti, esa será tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos y serás dichoso » (Lc 14,12-14). ¡Serás dichoso! He aquí el secreto de una familia feliz.

184. Con el testimonio, y también con la palabra, las familias hablan de Jesús a los demás, transmiten la fe, despiertan el deseo de Dios, y muestran la belleza del Evangelio y del estilo de vida que nos propone. Así, los matrimonios cristianos pintan el gris del espacio público llenándolo del color de la fraternidad, de la sensibilidad social, de la defensa de los frágiles, de la fe luminosa, de la esperanza activa. Su fecundidad se amplía y se traduce en miles de maneras de hacer presente el amor de Dios en la sociedad.

185. En esta línea es conveniente tomar muy en serio un texto bíblico que suele ser interpretado fuera de su contexto, o de una manera muy general, con lo cual se puede descuidar su sentido más inmediato y directo, que es marcadamente social. Se trata de 1 Co 11,17-34, donde san Pablo enfrenta una situación vergonzosa de la comunidad.
Allí, algunas personas acomodadas tendían a discriminar a los pobres, y esto se producía incluso en el ágape que acompañaba a la celebración de la Eucaristía. Mientras los ricos gustaban sus manjares, los pobres se quedaban mirando y sin tener qué comer: Así, «uno pasa hambre, el otro está borracho. ¿No tenéis casas donde comer y beber? ¿O tenéis en tan poco a la Iglesia de Dios que humilláis a los pobres?»

191. «No me rechaces ahora en la vejez, me van faltando las fuerzas, no me abandones» (Sal 71,9). Es el clamor del anciano, que teme el olvido y el desprecio. Así como Dios nos invita a ser sus instrumentos para escuchar la súplica de los pobres, también espera que escuchemos el grito de los ancianos. Esto interpela a las familias y a las comunidades, porque «la Iglesia no puede y no quiere conformarse a una mentalidad de intolerancia, y mucho menos de indiferencia y desprecio, respecto a la vejez. Debemos despertar el sentido colectivo de gratitud, de aprecio, de hospitalidad, que hagan sentir al anciano parte viva de su comunidad. Los ancianos son hombres y mujeres, padres y madres que estuvieron antes que nosotros en el mismo camino, en nuestra misma casa, en nuestra diaria batalla por una vida digna». Por eso, «¡cuánto quisiera una Iglesia que desafía la cultura del descarte con la alegría desbordante de un nuevo abrazo entre los jóvenes y los ancianos!»


290. «La familia se convierte en sujeto de la acción pastoral mediante el anuncio explícito del Evangelio y el legado de múltiples formas de testimonio, entre las cuales: la solidaridad con los pobres, la apertura a la diversidad de las personas, la custodia de la creación, la solidaridad moral y material hacia las otras familias, sobre todo hacia las más necesitadas, el compromiso con la promoción del bien común, incluso mediante la transformación de las estructuras sociales injustas, a partir del territorio en el cual la familia vive, practicando las obras de misericordia corporal y espiritual». Esto debe situarse en el marco de la convicción más preciosa de los cristianos: el amor del Padre que nos sostiene y nos promueve, manifestado en la entrega total de Jesucristo, vivo entre nosotros, que nos hace capaces de afrontar juntos todas las tormentas y todas las etapas de la vida. También en el corazón de cada familia hay que hacer resonar el kerygma, a tiempo y a destiempo, para que ilumine el camino. Todos deberíamos ser capaces de decir, a partir de lo vivido en nuestras familias: « Hemos conocido el amor que Dios nos tiene » (1 Jn 4,16). Sólo a partir de esta experiencia, la pastoral familiar podrá lograr que las familias sean a la vez iglesias domésticas y fermento evangelizador en la sociedad.


324. Bajo el impulso del Espíritu, el núcleo familiar no sólo acoge la vida generándola en su propio seno, sino que se abre, sale de sí para derramar su bien en otros, para cuidarlos y buscar su felicidad. Esta apertura se expresa particularmente en la hospitalidad, alentada por la Palabra de Dios de un modo sugestivo: «no olvidéis la hospitalidad: por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles » (Hb 13,2). Cuando la familia acoge y sale hacia los demás, especialmente hacia los pobres y abandonados, es «símbolo, testimonio y participación de la maternidad de la Iglesia» .El amor social, reflejo de la Trinidad, es en realidad lo que unifica el sentido espiritual de la familia y su misión fuera de sí, porque hace presente el kerygma con todas sus exigencias comunitarias. La familia vive su espiritualidad propia siendo al mismo tiempo una iglesia doméstica y una célula vital para transformar el mundo.


Leer: MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO I JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

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"Los Pobres en Laudato Si" - Francisco



El próximo 19 de Noviembre celebraremos la Jornada Mundial de los Pobres, a continuación les comparto algunos párrafos de la carta enciclica "Laudato Si" (Alabado seas) del papa Francisco (18 de Junio de 2015) sobre el clamor de los pobres.

20. Existen formas de contaminación que afec­tan cotidianamente a las personas. La exposición a los contaminantes atmosféricos produce un amplio espectro de efectos sobre la salud, espe­cialmente de los más pobres, provocando millones de muertes prematuras.

29. Un problema particularmente serio es el de la calidad del agua disponible para los pobres,  que provoca muchas muertes todos los días. En­tre los pobres son frecuentes enfermedades rela­cionadas con el agua, incluidas las causadas por microorganismos y por sustancias químicas. La diarrea y el cólera, que se relacionan con servi­cios higiénicos y provisión de agua inadecuados, son un factor significativo de sufrimiento y de mortalidad infantil. Las aguas subterráneas en muchos lugares están amenazadas por la conta­minación que producen algunas actividades ex­tractivas, agrícolas e industriales, sobre todo en países donde no hay una reglamentación y con­troles suficientes. No pensemos solamente en los vertidos de las fábricas. Los detergentes y pro­ductos químicos que utiliza la población en mu­chos lugares del mundo siguen derramándose en ríos, lagos y mares.

30. Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso es­caso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado. En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamen­tal y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el de­recho a la vida radicado en su dignidad inalienable. Esa deuda se salda en parte con más aportes econó­micos para proveer de agua limpia y saneamiento a los pueblos más pobres. Pero se advierte un derroche de agua no sólo en países desarrolla­dos, sino también en aquellos menos desarrolla­dos que poseen grandes reservas. Esto muestra que el problema del agua es en parte una cuestión educativa y cultural, porque no hay conciencia de la gravedad de estas conductas en un contexto de gran inequidad.

48. El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar ade­cuadamente la degradación ambiental si no pres­tamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social. De hecho, el dete­rioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta: «Tanto la experiencia común de la vida ordina­ria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresio­nes ambientales los sufre la gente más pobre». Por ejemplo, el agotamiento de las reservas ictíco­las perjudica especialmente a quienes viven de la pesca artesanal y no tienen cómo reemplazarla, la contaminación del agua afecta particularmente a los más pobres que no tienen posibilidad de com­prar agua envasada, y la elevación del nivel del mar afecta principalmente a las poblaciones costeras empobrecidas que no tienen a dónde trasladarse. El impacto de los desajustes actuales se manifiesta también en la muerte prematura de muchos po­bres, en los conflictos generados por falta de re­cursos y en tantos otros problemas que no tienen espacio suficiente en las agendas del mundo.

49. Quisiera advertir que no suele haber con­ciencia clara de los problemas que afectan par­ticularmente a los excluidos. Ellos son la mayor parte del planeta, miles de millones de personas. Hoy están presentes en los debates políticos y económicos internacionales, pero frecuentemen­te parece que sus problemas se plantean como un apéndice, como una cuestión que se añade casi por obligación o de manera periférica, si es que no se los considera un mero daño colateral. De hecho, a la hora de la actuación concreta, que­dan frecuentemente en el último lugar. Ello se debe en parte a que muchos profesionales, for­madores de opinión, medios de comunicación y centros de poder están ubicados lejos de ellos, en áreas urbanas aisladas, sin tomar contacto directo con sus problemas. Viven y reflexionan desde la comodidad de un desarrollo y de una calidad de vida que no están al alcance de la mayoría de la población mundial. Esta falta de contacto físico y de encuentro, a veces favorecida por la desinte­gración de nuestras ciudades, ayuda a cauterizar la conciencia y a ignorar parte de la realidad en análisis sesgados. Esto a veces convive con un discurso «verde». Pero hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convier­te siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres.  

52. La deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control, pero no ocurre lo mismo con la deuda ecológica. De diversas maneras, los pueblos en vías de desa­rrollo, donde se encuentran las más importantes reservas de la biosfera, siguen alimentando el de­sarrollo de los países más ricos a costa de su pre­sente y de su futuro. La tierra de los pobres del Sur es rica y poco contaminada, pero el acceso a la propiedad de los bienes y recursos para satis­facer sus necesidades vitales les está vedado por un sistema de relaciones comerciales y de pro­piedad estructuralmente perverso. Es necesario que los países desarrollados contribuyan a resol­ver esta deuda limitando de manera importante el consumo de energía no renovable y aportando recursos a los países más necesitados para apoyar políticas y programas de desarrollo sostenible. Las regiones y los países más pobres tienen me­nos posibilidades de adoptar nuevos modelos en orden a reducir el impacto ambiental, porque no tienen la capacitación para desarrollar los proce­sos necesarios y no pueden cubrir los costos. Por eso, hay que mantener con claridad la conciencia de que en el cambio climático hay responsabilidades diversificadas y, como dijeron los Obispos de Es­tados Unidos, corresponde enfocarse «especial­mente en las necesidades de los pobres, débiles y vulnerables, en un debate a menudo domina­do por intereses más poderosos». Necesitamos fortalecer la conciencia de que somos una sola familia humana. No hay fronteras ni barreras políticas o sociales que nos permitan aislarnos, y por eso mismo tampoco hay espacio para la globalización de la indiferencia.

91. No puede ser real un sentimiento de ínti­ma unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres huma­nos. Es evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en riesgo de extin­ción, pero permanece completamente indiferen­te ante la trata de personas, se desentiende de los pobres o se empeña en destruir a otro ser huma­no que le desagrada.  

152. La falta de viviendas es grave en muchas partes del mundo, tanto en las zonas rurales como en las grandes ciudades, porque los presupuestos estatales sólo suelen cubrir una pequeña parte de la demanda. No sólo los pobres, sino una gran parte de la sociedad sufre serias dificultades para acceder a una vivienda propia. La posesión de una vivienda tiene mucho que ver con la dignidad de las personas y con el desarrollo de las familias. Es una cuestión central de la ecología humana. Si en un lugar ya se han desarrollado conglomerados caóticos de casas precarias, se trata sobre todo de urbanizar esos barrios, no de erradicar y expul­sar. Cuando los pobres viven en suburbios con­taminados o en conglomerados peligrosos, «en el caso que se deba proceder a su traslado, y para no añadir más sufrimiento al que ya padecen, es ne­cesario proporcionar una información adecuada y previa, ofrecer alternativas de alojamientos dig­nos e implicar directamente a los interesados». Al mismo tiempo, la creatividad debería llevar a integrar los barrios precarios en una ciudad acoge­dora: «¡Qué hermosas son las ciudades que supe­ran la desconfianza enfermiza e integran a los di­ferentes, y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo! ¡Qué lindas son las ciudades que, aun en su diseño arquitectónico, están llenas de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro!».

158. En las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos, el principio del bien común se convierte inmediatamente, como lógica e ineludible consecuencia, en un llamado a la solidaridad y en una opción preferencial por los más pobres. Esta opción implica sacar las consecuencias del destino común de los bienes de la tierra, pero, como he intentado expresar en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium, exige contemplar ante todo la inmensa dignidad del pobre a la luz de las más hondas conviccio­nes creyentes. Basta mirar la realidad para enten­der que esta opción hoy es una exigencia ética fundamental para la realización efectiva del bien común.

172. Los países pobres necesitan tener como prioridad la erradicación de la miseria y el desa­rrollo social de sus habitantes, aunque deban ana­lizar el nivel escandaloso de consumo de algunos sectores privilegiados de su población y controlar mejor la corrupción. También es verdad que de­ben desarrollar formas menos contaminantes de producción de energía, pero para ello requieren contar con la ayuda de los países que han creci­do mucho a costa de la contaminación actual del planeta. El aprovechamiento directo de la abun­dante energía solar requiere que se establezcan mecanismos y subsidios de modo que los paí­ses en desarrollo puedan acceder a transferen­cia de tecnologías, asistencia técnica y recursos financieros, pero siempre prestando atención a las condiciones concretas, ya que « no siempre es adecuadamente evaluada la compatibilidad de los sistemas con el contexto para el cual fueron dise­ñados ».
Los costos serían bajos si se los compa­ra con los riesgos del cambio climático. De todos modos, es ante todo una decisión ética, fundada en la solidaridad de todos los pueblos.

241. María, la madre que cuidó a Jesús, ahora cuida con afecto y dolor materno este mundo herido. Así como lloró con el corazón traspasa­do la muerte de Jesús, ahora se compadece del sufrimiento de los pobres crucificados y de las criaturas de este mundo arrasadas por el poder humano. 





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martes, 14 de noviembre de 2017

"Los Pobres en Evangelii Gaudium" - Francisco




El próximo 19 de Noviembre celebraremos la Jornada Mundial de los Pobres, a continuación les comparto algunos párrafos de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio) del papa Francisco (26 de Noviembre de 2013) que nos invitan a la inclusión social de los pobres.
La inclusión social de los pobres (Evangelii Gaudium)

186. De nuestra fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos, brota la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad.

187. Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la li­beración y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la socie­dad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo. Basta recorrer las Escrituras para descubrir cómo el Padre bueno quiere escuchar el clamor de los pobres: «He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto, he escuchado su clamor ante sus opreso­res y conozco sus sufrimientos. He bajado para librarlo […] Ahora, pues, ve, yo te envío… » (Ex 3,7-8.10), y se muestra solícito con sus necesida­des: « Entonces los israelitas clamaron al Señor y Él les suscitó un libertador» (Jc 3,15). Hacer oídos sordos a ese clamor, cuando nosotros so­mos los instrumentos de Dios para escuchar al pobre, nos sitúa fuera de la voluntad del Padre y de su proyecto, porque ese pobre «clamaría al Señor contra ti y tú te cargarías con un pecado» (Dt 15,9). Y la falta de solidaridad en sus necesi­dades afecta directamente a nuestra relación con Dios: «Si te maldice lleno de amargura, su Crea­dor escuchará su imprecación» (Si 4,6). Vuelve siempre la vieja pregunta: «Si alguno que posee bienes del mundo ve a su hermano que está ne­cesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?» (1 Jn 3,17). Recordemos también con cuánta contundencia el Apóstol Santiago retomaba la figura del cla­mor de los oprimidos: «El salario de los obreros que segaron vuestros campos, y que no habéis  pagado, está gritando. Y los gritos de los sega­dores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos».

188. La Iglesia ha reconocido que la exigencia de escuchar este clamor brota de la misma obra liberadora de la gracia en cada uno de nosotros, por lo cual no se trata de una misión reservada sólo a algunos: «La Iglesia, guiada por el Evan­gelio de la misericordia y por el amor al hombre, escucha el clamor por la justicia y quiere responder a él con todas sus fuerzas». En este marco se comprende el pedido de Jesús a sus discípulos: «¡Dadles vosotros de comer!» (Mc 6,37), lo cual implica tanto la cooperación para resolver las cau­sas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los ges­tos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos. La palabra «solidaridad» está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos.
189. La solidaridad es una reacción espontánea de quien reconoce la función social de la pro­piedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada. La posesión privada de los bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común, por lo cual la solidaridad debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde. Estas convicciones y hábitos de solidaridad, cuando se hacen carne, abren camino a otras transformaciones estruc­turales y las vuelven posibles. Un cambio en las estructuras sin generar nuevas convicciones y ac­titudes dará lugar a que esas mismas estructuras tarde o temprano se vuelvan corruptas, pesadas e ineficaces.

190. A veces se trata de escuchar el clamor de pueblos enteros, de los pueblos más pobres de la tierra, porque «la paz se funda no sólo en el res­peto de los derechos del hombre, sino también en el de los derechos de los pueblos». Lamen­tablemente, aun los derechos humanos pueden ser utilizados como justificación de una defensa exacerbada de los derechos individuales o de los derechos de los pueblos más ricos. Respetando la independencia y la cultura de cada nación, hay que recordar siempre que el planeta es de toda la humanidad y para toda la humanidad, y que el solo hecho de haber nacido en un lugar con menores recursos o menor desarrollo no justifica que algunas personas vivan con menor dignidad. Hay que repetir que «los más favorecidos deben renunciar a algunos de sus derechos para poner con mayor liberalidad sus bienes al servicio de los demás». Para hablar adecuadamente de nues­tros derechos necesitamos ampliar más la mirada y abrir los oídos al clamor de otros pueblos o de otras regiones del propio país. Necesitamos crecer en una solidaridad que «debe permitir a todos los pueblos llegar a ser por sí mismos ar­tífices de su destino», así como «cada hombre está llamado a desarrollarse».

191. En cada lugar y circunstancia, los cristia­nos, alentados por sus Pastores, están llamados a escuchar el clamor de los pobres, como tan bien expresaron los Obispos de Brasil: «Desea­mos asumir, cada día, las alegrías y esperanzas, las angustias y tristezas del pueblo brasileño, especialmente de las poblaciones de las perife­rias urbanas y de las zonas rurales —sin tierra, sin techo, sin pan, sin salud— lesionadas en sus derechos. Viendo sus miserias, escuchando sus clamores y conociendo su sufrimiento, nos es­candaliza el hecho de saber que existe alimento suficiente para todos y que el hambre se debe a la mala distribución de los bienes y de la renta. El problema se agrava con la práctica generalizada del desperdicio».

192. Pero queremos más todavía, nuestro sue­ño vuela más alto. No hablamos sólo de asegu­rar a todos la comida, o un «decoroso susten­to», sino de que tengan «prosperidad sin exceptuar bien alguno». Esto implica educación, acceso al cuidado de la salud y especialmente trabajo, por­que en el trabajo libre, creativo, participativo y solidario, el ser humano expresa y acrecienta la dignidad de su vida.
El salario justo permite el acceso adecuado a los demás bienes que están destinados al uso común.


Pagina oficial de la I JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES


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