domingo, 1 de abril de 2018

MENSAJE PASCUAL, Mons. Angelelli: "CRISTO RESUCITÓ ¡ALELUIA! ¡FELICES PASCUAS!"



HERMANOS:

Resuene en toda la diócesis, con alegría y esperanza, este anuncio que les hago, como obispo de ustedes: CRISTO RESUCITÓ ¡ALELUIA! ¡FELICES PASCUAS!

En medio de los problemas y dificultades de la vida, hemos encendido el CIRIO PASCUAL, símbolo del Cristo resucitado. Él es el verdadero HOMBRE NUEVO. Cristo es la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.

Por el bautismo fuimos hechos luz en el Señor. “En un tiempo ustedes eran tinieblas, pero ahora son la luz en el Señor. Y los frutos de la luz son la verdad, toda justicia y toda bondad” (Ef. 5, 8-9). ¡“Alégrese la tierra inundada de tanta luz, alégrese también nuestra madre la Iglesia... estas son la fiestas pascuales, en las que se inmola el verdadero Cordero (Cristo) con cuya Sangre son consagradas las puertas de los fieles”. Así canta la Iglesia en su liturgia; así resplandece la PASCUA DEL SEÑOR.

Porque la Pascua es un canto a la VIDA; es un canto a la esperanza que tiene por fundamento a Cristo resucitado. Como cristianos nos sentimos convocados a ser: ¡HOMBRES DE LUZ! “La Luz de la fe que nos hace testigos, el Agua del Bautismo que nos hace hijos, el Pan de la Eucaristía, que nos hace hermanos”.

Esta alegría pascual no es fruto de una ilusión sin sentido y sin fundamento; es la alegría que nace de QUIEN sabemos por qué creemos y por qué confiamos. Se ha escrito: “Pascua es madurez de silencio y fecundidad de cruz”. 

Porque es preferible tener el alma dolorida de tanto buscarla, que tenerla en una paz fingida por haber renunciado a su búsqueda.

Este anuncio de la Pascua que hacemos, no está dirigido a un mundo irreal; ni a hombres que ya pasaron. Es hecho a nuestro mundo en cambio, tensionado y en búsqueda. Es hecho a hombres concretos; hermanos nuestros. Es hecho a nuestra diócesis que no es una isla de lo que viven otros hombres; es hecho a compatriotas con quienes vivimos una hora muy significativa para la Patria. Anunciar la Pascua de Cristo es convocarnos para construir la vida en todas sus manifestaciones y dimensiones. Desde esta Pascua miramos el futuro con esperanza. Somos conscientes de los graves problemas que tenemos que superar; la reconciliación que debemos lograr; el sentido redentor que debemos darle al sufrimiento para que podamos gozar de la PAZ.

Al comienzo de la cuaresma hicimos algunas reflexiones de “cómo se mata la vida”. Buscábamos desentrañar lo que nos decía la liturgia cuaresmal: “CONVIÉRTETE Y CREE EN EL EVANGELIO”.

Hoy, haremos estas reflexiones de “cómo se construye la vida”, para desentrañar: CRISTO RESUCITÓ, CRISTO ES LA VIDA.

CÓMO SE CONSTRUYE LA VIDA:

- Cuando obramos como administradores de la vida y no como dueños de la vida propia y ajena.
- Cuando respetamos la vida propia y ajena y la hacemos crecer conforme a lo que Dios quiere de la misma.
- Cuando somos solidarios, amigos, hermanos y servidores los unos de los otros.
- Cuando habiendo acogido en nosotros el don de la FE la hacemos crecer en nosotros mismos y ayudamos que crezca en los demás.
- Cuando somos justos, honestos, veraces, responsables de nuestros deberes y obligaciones.
- Cuando tendemos nuestra mano amiga y fraternal al que sufre y necesita, material o espiritualmente.
- Cuando alimentamos la vida con la oración y con la gracia sacramental.
- Cuando alimentamos diariamente la vida con la Palabra de Dios.
- Cuando ordenamos nuestra vida y ayudamos a ordenarla a nuestros hermanos con una escala de valores que responda a “SER MÁS” y no sólo ni principalmente a “TENER MÁS”.
- Cuando somos pobres de espíritu; limpios de corazón; misericordiosos; pacificados interiormente; con hambre y sed de justicia; constructores de paz; compasivos; perseguidos por causa del bien y en todo esto nos sentimos felices.
- Cuando somos sal de la tierra y luz del mundo; cuando somos realizadores de las “obras de la misericordia” según la Biblia.
- Cuando disponemos buena tierra en nuestro corazón para que fructifique la semilla de la Palabra de Dios.
- Cuando renunciamos cada vez a ser avaros, soberbios, sensuales, envidiosos, mentirosos.
- Cuando anunciamos el Evangelio de Cristo para que la Pascua se realice en cada hombre y en nuestro pueblo.
- Cuando trabajamos generosa y noblemente por la salud de nuestro pueblo; por extirpar las lacras morales que matan la vida moral de un pueblo y aún la vida física.
- Cuando trabajamos por hacer crecer el nivel de instrucción y la educación de nuestros niños y de nuestra juventud.
- Cuando trabajamos por la justa distribución de los bienes que Dios nos ha dado para todos.
- Cuando vivimos la Fe, la Esperanza y el Amor conforme al Evangelio.
- Cuando somos consecuentes con la Fé que recibimos en nuestro bautismo en el cumplimiento nuestras propias responsabilidades.
- Cuando somos hijos responsables de la Madre Iglesia y ayudamos a nuestros hermanos que vivan de la misma manera.
- Cuando convertimos nuestros hogares en “pequeñas Iglesias domésticas”.
- Cuando participamos cada vez de la Eucaristía y la realizamos en la vida.
- Cuando nos acercamos al sacramento de la reconciliación sacramental.

Estas son algunas de las reflexiones que nos ayudan a vivir y ayudar a construir la vida en nosotros y en nuestros hermanos. Así construiremos la Pascua de Cristo en nosotros y en nuestra diócesis. “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” nos dice Jesús.

Ustedes lo recuerdan; cuando comenzamos la Misión Diocesana de San Nicolás, dijimos que solamente buscábamos, y ¡nada menos! que hacer de cada hijo de esta tierra y de cada uno de sus pueblos, un hombre y un pueblo que viva la “Pascua del Señor”. Así lo vivió y así lo anunció San Nicolás a su pueblo de Mira. Esperamos no encontrar dificultades en este año para poder continuar la “misión” con los objetivos ya señalados.


Con la confianza puesta en el Señor, que nos llama a vivir su Pascua, sigamos construyendo la Vida. Esto equivale a ser solidarios; hombres de esperanza y de alegría profunda; aportar nuestro esfuerzo para seguir caminando juntos; ser factores de unidad eclesial; hacer operante nuestro amor cristiano, especialmente con los que sufren más y mirar el futuro con optimismo cristiano. CRISTO RESUCITADO NOS DÉ SU PAZ Y NOS BENDIGA A TODOS.

 18 de abril de 1976

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sábado, 31 de marzo de 2018

"Canto a la luz" - Monseñor Angelelli


Voy buscando una luz en el cerro...
con senderos... silbidos... silencios
mi guitarra sueña un encuentro
en cada piedra preñada del eco.

Llora el algarrobo su secreto,
me cuenta el arroyo su pena...
la vida madura en la cuesta,
la esperanza termina en el cerro.

Andar y andar... me grita el arroyo;
el sol ya calienta... ¡qué dura es la cuesta!
Arriero amigo, camina hasta el cerro
hay música en la pirca... ecos de fiesta.

La luz hace día el sendero,
música y canto el lamento,
la marcha se convierte en término...
hay un abrazo en la punta del cerro.

El valle está preñado de luz
con rumbos de marcha hacia el cerro
cara pirca es una meta
y la tranquera un encuentro.

La luz se esconde en el cardón,
la quebrada es su misterio,
el silencio es fecundo en el cerro,
el agua canto en el encuentro.

Hay una tranquera abierta
en cada punta del cerro,
la luz se hace silencio,
la marcha acaba su término.

Cada valle es un misterio
y cada marcha un despego
el arriero silba en el monte,
la luz le sale al encuentro.

¡Aleluya! cantan los cerros.
¡Aleluya! canta el arriero.
La luz se hace silencio
con música de cencerros.

Enrique Angelelli, Enero de 1968


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sábado, 24 de marzo de 2018

38 años del asesinato de Monseñor Romero - Última homilia (Texto y audio)






El 24 de Marzo de 1980 fue asesinado el beato Monseñor Óscar Arnulfo Romero (Muy pronto será canonizado) A continuación podrán leer y escuchar (último parrafo) las últimas palabras de este obispo, minutos antes de su asesinato:

Por nuestras múltiples relaciones con la Editorial del periódico El Independiente, he pedido asomarme tanto a sus sentimientos filiales en el aniversario de la muerte de su mamá, como sobre todo, a ese espíritu noble que fue doña Sarita, que puso toda su formación cultural, su fineza, al servicio de una causa que ahora es tan necesaria: la verdadera liberación de nuestro pueblo.

Yo creo que sus hermanos, esta tarde, deben no solamente orar por el eterno descanso por nuestra querida difunta, sino sobre todo, recoger este mensaje que hoy todo cristiano debía de vivir intensamente. Muchos nos sorprenden, piensan que el cristianismo no se debe de meter en estas cosas, cuando es todo lo contrario. Acaban de escuchar en el evangelio de Cristo que es necesario no amarse tanto a sí mismo, que se cuide uno para no meterse en los riesgos de la vida que la historia nos exige, y, que el quiera apartar de sí el peligro, perderá su vida. En cambio, al que se entrega por amor a Cristo al servicio de los demás, éste vivirá como el granito de trigo que muere, pero aparentemente muere. Si no muriera se quedaría solo. Si la cosecha es, porque muere, se deja inmolar esa tierra, deshacerse y sólo deshaciéndose, produce la cosecha.

Desde su eternidad, Doña Sarita fue confirmando maravillosamente en esa página que yo he escogido para ella, del Concilio Vaticano II. Dice:

"Ignoramos el tiempo en que se hará la consumación de la tierra de la humanidad. Tampoco conocemos de qué manera se transformará el universo. La figura de este mundo, afeada por el pecado, pasa, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitarán en Cristo, y lo que fue sembrado bajo el signo de la debilidad y de la corrupción, se revestirá de incorruptibilidad, y, permaneciendo la caridad de sus obras, se verán libres de la servidumbre de la vanidad todas las criaturas que Dios creó pensando en el hombre.

Se nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde así mismo. No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Pero ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al Reino de Dios.

Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: "reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz". El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección".

Esta es la esperanza que nos alienta a los cristianos. Sabemos que todo esfuerzo por mejorar una sociedad, sobre todo cuando está tan metida esa injusticia y el pecado, es un esfuerzo que Dios bendice, que Dios quiere, que Dios nos exige. Y cuando se encuentra uno, pues, gente generosa como doña Sarita, y su pensamiento encarnado en Jorgito y en todos aquellos que trabajan por estos ideales, hay que tratar de purificarlos en el cristianismo, eso sí, vestirlos de esta esperanza del más allá; porque se hacen más fuertes, porque tenemos la seguridad que todo esto que plantamos en la tierra, si lo alimentamos en una esperanza cristiana, nunca fracasaremos, lo encontraremos purificado en ese reino, donde precisamente, el mérito está en lo que hayamos trabajado en esta tierra.

Yo creo que será aspirar en balde, a horas de esperanza y de lucha en este aniversario. Recordamos pues, con agradecimiento, a esta mejor generosa que supo comprender las inquietudes y esfuerzos de su hijo y de todos aquellos que trabajan por un mundo mejor, y supo también poner su parte de granito de trigo en el sufrimiento. Y no hay duda, que esta es la garantía de que su cielo tiene que ser también a la medida de este sacrificio y de esa comprensión que falta a muchos en este comento, en El Salvador.

Yo les suplico a todos, queridos hermanos, que miremos estas cosas desde el momento histórico, con esta esperanza, con este espíritu de entrega, de sacrificio, y hagamos lo que podamos. Todos podemos hacer algo: desde luego un sentimiento de comprensión. Esta santa mujer que estamos recordando hoy, pues, no pudo hacer cosas tal vez directamente, pero animando a aquellos que pueden trabajar, comprendiendo su lucha, y sobre todo, orando y aún después de su muerte diciendo con su mensaje de eternidad que vale la pena trabajar porque todos esos anhelos de justicia, de paz y de bien que tenemos ya en esta tierra, los tenemos formados si los iluminamos de una esperanza cristiana porque sabemos que nadie puede para siempre y que aquellos que han puesto en su trabajo un sentimiento de fe muy grande, de amor a Dios, de esperanza entre los hombres, pues todo esto está redundando ahora, en esplendores de una corona que ha de ser la recompensa de todos los que trabajan así, regando verdades, justicia, amor, bondades en la tierra y no se queda aquí, sino que purificado por el espíritu de Dios, se nos recoge y se nos da en recompensa.

De esta Santa Misa, pues, esta Eucaristía, es precisamente un acto de fe: Con fe cristiana parece que en este momento la voz de diatriba se convierte en el cuerpo del Señor que se ofreció por la redención del mundo y que en ese cáliz el vino se transforma en la sangre que fue precio de la salvación. Que este cuerpo inmolado y esta Sangre Sacrificada por los hombres nos alimente también para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento y al dolor, como Cristo, no para sí, sino para dar conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo. Unámonos pues, íntimamente en fe y esperanza a este momento de oración por Doña Sarita y por nosotros.


(En este momento sonó el disparo...)

HOMILIA DEL PRIMER ANIVERSARIO DE LA SRA. SARA DE PINTO (ULTIMA HOMILIA DE MONSEÑOR OSCAR A. ROMERO) - San Salvador, 24 de Marzo de 1980, a las 17'00 horas, en la Capilla del Hospital de la Divina Providencia.








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miércoles, 21 de marzo de 2018

Triduo de "Monseñor Romero, pastor perseguido y mártir"

“Monseñor Romero, pastor perseguido y mártir”

1° Día de Triduo (21 de Marzo) – "Un pastor comprometido con los dolores de su rebaño"



“El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.  El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a cada una por su nombre y las hace salir. Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí” (Juan 10, 2-4. 11. 14)

Breve relato de la vida de Monseñor Óscar Romero:

El 3 de febrero de 1977, fue nombrado por el Papa Pablo VI como Arzobispo de San Salvador. Monseñor Romero denunció en sus homilías los atropellos contra los derechos de los campesinos, de los obreros, de sus sacerdotes, y de todas las personas que recurrieran a él, en el contexto de violencia y represión militar que vivía el país. En sus homilías transmitidas por la radio diocesana YSAX, denunciaban la violencia tanto del gobierno militar como de los grupos armados de izquierda. Señaló especialmente hechos violentos como los asesinatos cometidos por escuadrones de la muerte y la desaparición forzada de personas, cometida por los cuerpos de seguridad.

Palabras de Monseñor Romero:

“Con este pueblo no cuesta ser un buen pastor. Es un pueblo que empuja a su servicio a quienes hemos sido llamados para defender sus derechos y para ser su voz” (Homilía 18 de noviembre de 1979)

“Como Pastor y como ciudadano salvadoreño me apena profundamente que se siga masacrando el sector organizado de nuestro pueblo sólo por el hecho de salir ordenadamente a la calle para pedir justicia y libertad” (Homilía 27 de enero de 1980)

Rezamos pidiendo una gracia a Dios por intercesión del Beato Monseñor Óscar Romero: Padre Nuestro, Ave María y Gloria.



2° Día de Triduo (22 de Marzo) – "Perseguido por denunciar las injusticias"

“Jesús dijo: «¿No han leído nunca en las Escrituras: "La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos"? Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos». Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta. (Mateo 21, 42-46)

Breve relato de la vida de Monseñor Óscar Romero:

El día 9 de marzo de 1980, en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús se encontró un portafolio de color negro colocado debajo del Altar Mayor, la persona que notó su presencia, identificada como el sacerdote Ramiro Jiménez, notificó inmediatamente a la extinta Policía Nacional. El detective Juan Francisco Alas, experto en explosivos de la Policía Nacional, desactivó la bomba. Según investigaciones, la bomba se accionaría en el momento que Monseñor Oscar Arnulfo Romero oficiaría una misa.

«Monseñor nos decía que estaba amenazado, pero tenía muy claro su camino. Nos decía: 'Puedo morir pero tengo que vivir con los pobres. Y vosotros también tenéis que hacer algo por ellos'». (Palabras de Juana Portillo, colaborado de Monseñor Romero)

Palabras de Monseñor Romero:

“Hermanos, no nos debe de extrañar cuando se habla de Iglesia perseguida. Muchos se escandalizan y dicen que estamos exagerando, que no hay Iglesia perseguida. ¡Pero si es la nota histórica de la Iglesia! Siempre tiene que ser perseguida. Una doctrina que va contra las inmoralidades, que predica contra los abusos, que va siempre predicando el bien y atacando el mal, es una doctrina puesta por Cristo para santificar los corazones, para renovar las sociedades. Y, naturalmente, cuando en esa sociedad o en ese corazón hay pecado, hay egoísmo, hay podredumbres, hay envidias, hay avaricias, pues el pecado salta, como la culebra cuando tratan de apelmazarla, y persigue al que trata de perseguir el mal, el pecado. Por eso, cuando la Iglesia es perseguida es señal de que está cumpliendo su misión”(Homilía 25 de noviembre de 1977).

Rezamos pidiendo una gracia a Dios por intercesión del Beato Monseñor Óscar Romero: Padre Nuestro, Ave María y Gloria.



3° Día de Triduo (23 de Marzo) – "Asesinado por defender a su pueblo"

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna. El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.” (Juan 12, 24-26)

Breve relato de la vida de Monseñor Óscar Romero:

El lunes 24 de marzo de 1980 Monseñor Romero fue asesinado cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo realizado por un francotirador desde un auto con capota de color rojo, impactó en su corazón .Tenía 62 años.

“Fue asesinado porque con su palabra él defendía al pueblo de El Salvador que estaba siendo oprimido, y muchos habían sido asesinados vilmente por la gente que estaba en ese momento en el poder” (Palabras del Cardenal Jorge Urosa)

“Estuvo dedicado a trabajar por la defensa de los desposeídos, trabajar por la instalación de la justicia y la dignidad convirtiéndose en la voz y en un mártir por amor a los pobres” (Palabras de Carlos Calles, embajador de El Salvador en Venezuela)

Palabras de Monseñor Romero:

“Si llegaran a cumplirse las amenazas, desde ya ofrezco mi sangre por la redención y resurrección de El Salvador. El martirio es una gracia que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad. Mi muerte, si es aceptada por Dios, sea por la liberación de mi pueblo y como un testimonio de esperanza en el futuro. Puede usted decir, si llegasen a matarme, que perdono y bendigo a quienes lo hagan.”  (En una entrevista concedida al periodista José Calderón dos semanas antes de su asesinato)

Rezamos pidiendo una gracia a Dios por intercesión del Beato Monseñor Óscar Romero: Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Muy pronto será canonizado Monseñor Romero:



El Santo Padre Francisco ha recibido el 6 de Marzo en audiencia al Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y ha autorizado a la Congregación a promulgar los Decretos concernientes los milagros atribuidos a la intercesión del Beato Pablo VI y del Beato Óscar Arnulfo Romero.

Leer:"San Romero de América, Pastor y Mártir nuestro" - Pedro Casaldáliga



Descargar Triduo-Romero.pdf



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sábado, 17 de marzo de 2018

Homilía V Domingo de Cuaresma - Monseñor Angelelli

Evangelio según San Juan 12,20-33. 

Entre los que habían subido para adorar durante la fiesta, había unos griegos que se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le dijeron: "Señor, queremos ver a Jesús". Felipe fue a decírselo a Andrés, y ambos se lo dijeron a Jesús. El les respondió: "Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna. El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre. 
Mi alma ahora está turbada, ¿Y qué diré: 'Padre, líbrame de esta hora'? ¡Si para eso he llegado a esta hora! ¡Padre, glorifica tu Nombre!". Entonces se oyó una voz del cielo: "Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar". La multitud que estaba presente y oyó estas palabras, pensaba que era un trueno. Otros decían: "Le ha hablado un ángel". Jesús respondió: "Esta voz no se oyó por mí, sino por ustedes. Ahora ha llegado el juicio de este mundo, ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera; y cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí".  Jesús decía esto para indicar cómo iba a morir.




Hoy, quinto domingo de cuaresma, ya nos indica la proximidad de la Semana Santa. Toda nuestra atención está centrada en ella. A ella nos preparamos más inmediatamente, con la oración, con la meditación de la Palabra de Dios y con el examen de nuestra propia vida. El comienzo de la cuaresma, lo recordamos, se nos dijo: “CONVIÉRTETE Y CREE EN EL EVANGELIO.” Todos necesitamos, en estos momentos que vivimos, tener una gran serenidad de espíritu; humildad de corazón y fortaleza interior, para saber escuchar la Voz de Dios, que nos habla de diversas maneras, también desde lo más hondo de nuestro corazón, para serle fiel y no perder la esperanza en la vida. Con mucha confianza nos llegamos hasta la Cruz del Cristo de esta Semana Santa para descubrir mejor el valor redentor de nuestros sufrimientos; para valorar mejor el precio de nuestra esperanza; para comprender mejor el valor de la vida.

Nos dice San Cipriano, obispo y mártir de la primitiva Iglesia que los preceptos evangélicos, no son sino enseñanzas divinas, fundamentos para edificar la esperanza, medios para consolidar la fe, alimento para robustecer el corazón en el amor, guía para el camino, amparo para obtener la salvación eterna.

Los acontecimientos que estamos viviendo en nuestra Patria, con tanta intensidad, nos reclaman que con serenidad y esperanza miremos el futuro. Es una exigencia cristiana. Más allá de los problemas que nos puedan afligir, está la seguridad de la presencia del Señor que teje la vida con nosotros. Por eso dije que sentimos la necesidad de vivir con mucha piedad y recogimiento esta Semana Santa.

 “El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar...” (Sal. 22) “Señor te alabaré con toda mi alma y cantaré tus maravillas...” (Sal. 19). “Crea en mí, Oh Dios, un corazón puro, por en mí un espíritu firme. No me rechaces lejos de tu rostro... presta oído a mis plegarias; no desatiendas mis súplicas, atiéndeme y escúchame…” (Sal 50 y 55). La oración de estos salmos, nos ayudan a prepararnos a la Semana Santa.

Sepamos unir nuestros sufrimientos a la Cruz de Cristo para que se conviertan en purificadores y redentores. No perdamos la confianza en el Señor, que es Padre de todos. Sepamos descubrir todo lo bueno y positivo que hay en nosotros y en nuestros hermanos para ser muy solidarios y con valor cristiano y esperanza seguir construyendo todo aquello que nos haga verdaderamente felices. 

Soy consciente que no es fácil comprender y aceptar esta actitud; pero es la verdadera; la que aprendemos del Evangelio de Cristo. No permitamos que los rumores, la mentira y la desconfianza se nos meta en el corazón; esto nos hace daño. Aprendamos a discernir bien para no equivocarnos en la vida.

Pidamos mucho en esta Semana Santa que Cristo Nuestro Señor nos dé la luz y la fuerza para no desfallecer. Pidamos mucho para que nuestra Patria sea una tierra de bendición y de paz. Pidamos mucho por nuestra Rioja para que superemos felizmente nuestros problemas.


Mons Angelelli, 4 de abril de 1976 - Homilía Radial 



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